La primavera la sangre altera. (Relato Rosquiñoño)


Allí donde los hombres nunca han pisado, más allá de las montañas invisibles que los impiden llegar al mundo mágico, las hadas sonreían con nerviosismo, envueltas en hojas y sentadas en las cortezas, en torno al lago de aguas claras, donde Él haría su aparición.

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Los duendes revoloteaban a su alrededor, haciendo trenzas en sus largas melenas, y metiendo la cabeza entre sus alas, estornudando con el polvo mágico que empolvaban sus frías naricillas.

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Las hadas comenzaban a distraerse y en el lago la lluvia de polvo hacía que alegres pompas de colores nacieran de sus aguas.

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En ese momento Él hizo su aparición, sentado sobre un nenufar, cantando su canción.
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Su cara no mostraba su edad y tras su belleza y sus ojos profundos, se escondían siglos de sabiduría.
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Mientras en el mundo de los humanos, el frío cubría los rostros, en el mundo de las hadas, El Maestro preparaba a las jóvenes haladas para la llegada de la primavera.
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Las miraba una a una y en el brillo de sus ojos encontraba la misión que debían llevar a cabo.
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Así en los ojos cálidos puso el deshielo, en los brillantes los primeros rayos de sol, en las miradas de ilusión el brote de una nueva flor, en la mirada tranquila las brisas del atardecer....
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Cuando llegó la Primavera, las risas y su dulce olor las acompañaron al puente que las alejaba de su mundo y sus delicados pies descalzos, despacito, las guiaban, una a una hacia nosotros.
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El Maestro descansó y acarició las cabezas de los duendes que le habían acompañado.

Los duendes, ruidosos y exagerados, comenzaron a gritar, y girando alrededor del maestro hacían volteretas, reían compulsivamente y abrían sus ojos grandes casi tanto como su boca.
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Cuando El Maestro se giró, la encontró haciendo muecas mientras saltaba de hoja en hoja, volando entre alocadas piruetas.
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El hada le miró, durante el invierno había estado tranquila pero ahora se acercaba a Él, sonriendo y moviendo su cabeza de pelo corto.

En el frío cuidó la melena que la arropaba y cubría sus alas, pero ahora quería sentirse ligera y volar por el mundo pimpireta, girando como una peonza.
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El Maestro se sentó, aunque en el mundo de las hadas el malestar no existe, se sintió algo trastornado.

Miró sus ojos y encontró alegría, locura, ilusión....

De repente su corazón se alteró y mientras ella cruzaba el puente y sus risas se alejaban, las risas del Maestro aumentaban.

Al día siguiente sin parar de reír y saltando sobre el nenúfar.....

de repente exclamó:

La primavera la sangre la altera,
y el puente cruzó.
Llegando a nuestro mundo
y alterando la razón.

¿Dónde estará El Maestro?
¿Saltando sobre una flor?
¡El Maestro lo tienes dentro!
¡Despiértalo dormilón!

¿Y que fue de las hadas?
¿Cumplieron su misión?
¡El hada vive en tu cuerpo!
¡Despégala del sillón!


2 comentarios :

Anónimo dijo...

SIN PALABRAS

¿Y que fue de las hadas?
¿Cumplieron su misión?
¡El hada vive en tu cuerpo!
¡INCLUSO EN EL DE GALLARDÓN!

Rosario Guillén-Rosqui dijo...

A menudo este tipo de "Ñoñitextos" provocan una sensación de vergüencilla en el escritor y en el lector.
Sin embargo, es una buena actividad creativa desarrollar textos de distinto estilo.
Por supuesto Gallardón, tiene todas las cualidades de un hada.
Polvo mágico....en la M-30.
Alas....en el metro de Madrid....