Tragaperras en la noche....

junio 13, 2007

Salgo de la academia 23:00...

Una en el bar de enfrente y nos vamos, ¿o no?

Más quisiéramos, allí nos quedamos haciendo guardia hasta que se cerró el bar y las aguas volvieron a su cauce.

Situación: dos hombres cargados de sol y sombra juegan a la tragaperras con una buena cogorza, pero entretenidos, echan la partidita y se van.

Todo preparado para el cierre y vuelven Pili y Mili con más ganas de lucecitas y COFRE! SUBE! DOBLÓN!

-Camarero cambio.
Uvas, uvas, naranja....
Uvas, limón, naranja....

Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii (la máquina entra en coma) y el hombre A en una mezcla de rumano natal y español para principiantes (todo bien agitado en la coctelera con los coñác) empieza a pedir que llamemos al técnico, que se ha dejado una pasta, que la máquina se ha roto cuando le iba a dar el premio de 80€...y comienza el show.

Aquello era como un programa de debate nocturno en el que todos hablan y nadie se entera.

Por un lado el camarero, dinero en mano, resoplando y diciendo: toma, te pago, ya está! (previo intento de convencerle para que volviera mañana).

Lito por su parte intentando lo mismo, hasta que hombre A en un ataque de lucidez racional le dijo:

- ¿Tu eres su amigo? entonces no tengo nada que hablar contigo....
Y la réplica: ya pero tu amigo también hablaba.
- Pero yo le he echado.

Y el hombre llevaba razón, así que intentamos otra táctica.

Después de minutos de observación con cara de " Por Dios que no se den de leches" decido transformarme en diplomática por la paz....

Diálogo de programa infantil, todo despacito, con gestos, voz suave y cara de buena, como mi madre cuando intentaba convencerme para que me comiera el puré.

A todo esto el hombre B, con el que no conseguimos hablar (en rumano no andamos muy puestos), entraba y salía del bar según las órdenes de su amigo.

Cada vez que salía, goooolpe con el cierre en la cabeza.
Cada vez que entraba golpe a la máquina.

No me quiero imaginar como se habrá levantado hoy el pobre.

Mientras la discusión sube y baja de temperatura, la mujer del bar se da cuenta de que los cubiertos de la cena siguen en la mesa; coge el cuchillo (para evitar posibles locuras transitorias) y en la ensimismación de la mini-reyerta lo sujeta con la mano sin darse cuenta de que lo tiene (puede que la verdadera pacificadora fuera ella).

La hija pequeña desde la cocina, entre risillas, mira la situación:

Un hombre que se autolesiona con el cierre, la madre con el cuchillo, yo hablando como a los niños, el Lito intentando calmar, y el dueño con los billetes en la mano.

Si aparece en ese momento un gay tenemos una película de Almodóvar.

Al final la discusión se pasa y entre todos conseguimos que el hombre acepte:
Vuelva usted mañana....

Pasado el sustillo nos esperamos a que cierren.
Después de la jarana, gasolina, un cacahuete y cigarrito en el parque.

Mientras vemos Madrid aparece una familia "haciendo la compra" en los contenedores.

¿Qué noche es esta?

Ya puesto a desvariar decidimos ir a comprobar con el coche dónde acaba un túnel que nos ha descolocado desde la vista panorámica.

Uiiis dos de la mañana! a casa!!

Y llegó la mañana, cafecito de recreo y ¡Sopresa! el técnico ha venido y si la máquina ha fallado, pero no lo ha hecho sola.....

A través del hueco de un tornillito desaparecido, un alambre paró los rodillos....
Un Oscar para los hombrecillos por su interpretación de persona desvalida que trabaja de sol a sol y que ha sufrido el robo de la máquina averiada.

Premio honorífico para el amigo violento, porque o no conocía la trama o es un actorazo de narices.

Para que luego digan que en los bares no se aprende...!






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