¡Y llegó mi cumpleaños!

marzo 05, 2007


5 de Marzo: ¡llegó mi cumpleaños!

Durante años y años el día de mi cumple acababa siempre en una continua llorera repentina.

De pequeña porque la vergüenza de todos los ojitos fijados en mi me superaba.

Llegó la adolescencia y la combinación alcohol, amigos, cumpleaños siempre acababa en abrazos llorosos, esa fase del pedo anterior a las canciones gritadas en medio de la calle.

Los enfados porque tu mejor amiga ha decidido no venir o porque algunos se retiran pronto o no les gustaba el garito elegido para la ocasión.

Hoy por hoy esa etapa esta muy superada.

Seguiré llamando a aquellos que no me feliciten el día de mi cumpleaños y el que no venga se habrá perdido una fiesta, simplemente, sin que se me salte de nuevo la lágrima fácil.

Será mejor disfrutar de los que te acompañan que llorar por los que no han ido.

Pero seguramente este año también se escape alguna lágrima disimulada.


En Julio un nivel de ansiedad y una depresión de caballo me asaltaron como un ladrón de chalet.
De forma agresiva, rápida y sin que pudiera percatarme de lo que estaba pasando.

En ese momento me daba igual cumplir años, que me tocara la lotería, sudar o pasar frío.

Era una mezcla contradictoria, algo me hacia sentir que nada merecía la pena y que todo estaba perdido, y por otro lado algo me decía que lo más bello de la vida ya lo había visto y no sería capaz de reconocer más belleza.

La vida para mí era una mezcla siniestra de belleza y drama. Un límite entre el paraíso y el infierno. Y ambos lugares me sobrepasaban.

Los pensamientos me asaltaban a la velocidad de la luz, estómago encogido, lágrimas para acabar con la sequía de tres mundos y una sensación terrible de no pertenecer a ningún mundo, a ninguna parte, a nadie.

Amenazas donde no las había, miedos irreales convertidos en posibles verdades que no me dejaban vivir sola pero no me dejaban sentirme bien acompañada.

Semanas durmiendo con mi madre, semanas sin poder coger el tren, sin poder quedarme sola en casa, sin salir a la calle sin compañía, sin hambre, sin sueño o siempre dormida.

No es fácil comprender el miedo para quién no lo conoce.
Imaginaos temed hacer daño a todo lo que amáis, a vuestra vida, a la de los demás.
Sufrir por uno mismo y sufrir porque todo tu alrededor sufre contigo.

¿Y porqué?
Por no tomarme mi tiempo, por vivir para los demás, complejos, dudas, miedos....

Nada que ninguno de nosotros no hayamos sentido alguna vez, pero que en mi caso decidieron revelarse todos al unísono.

Por eso este cumpleaños también lloraré porque hace unos meses nunca hubiera pensado que volvería a sentirme feliz, que mis problemas no eran una locura, ni me iba a convertir en una nueva residente del Alonso Vega.

Porque no me imaginaba que haberlo pasado tan mal me iba a permitir recuperar mi vida y superar todo aquello que me hacía daño.

Porque para mí, ahora, comprender que se puede tener tiempo para uno mismo y no ser egoísta, no son incompatibles.
Porque lo que no te mata te hace más fuerte.

Porque los que están a mi alrededor se han mostrado tal y como son.
Una depresión no dura siempre dos días, los que me han seguido de cerca se merecen que se lo agradezca.

No es fácil estar con alguien que día tras día llora, que ve todo negro, que comienza a superarse y vuelve a caer en el agujero, que sabes que se encuentra mal y no sabes que hacer para tenderle una mano.
Sin embargo, la simple presencia sirve.
Eso y mis dosis de psicóloga, los tranquilizantes y los antidepresivos, que tienen la culpa de que en mi cumpleaños no me vaya a coger la cogorza que me merezco.

Para mi los 24 años que dejo atrás son un antes.

¿Recuperada cien por cien? sólo cuando deje todo el tratamiento, pero hoy por hoy me conformo con sonreír, con querer hacer, con soñar, con aceptar que todos tenemos días malos y todo pasa,
con los avances que poquito a poco me abren el camino a una vida desconocida donde la angustia se va trasformando en tranquilidad y el nudo en el estómago se convierte en un hormigueo de vitalidad.

Porque aunque unos días son más soleados que otros poco a poco vuelvo a ser yo, edición remasterizada y mejorada como los grandes clásicos.

¿Y porqué compartir esto aquí?

Porque muchos nunca se imaginarían que yo estuviera pasando un momento duro y compartirlo es una forma de decir que todos en algún momento podemos asomarnos o caernos en un pozo, pero cuando menos te lo esperas, de las grietas del pozo comienza a salir el agua justa para calmar la sed y día tras día los que se asoman a verte te traen un listón de madera, unas cuerdas, una manta, algo de comer.

Te pueden ayudar a darte las herramientas para construir la escalera, pero la escalera siempre la tiene que construir uno mismo.

Yo casi he llegado a la cima, la mayoría de los días veo el sol, sólo cuando me resbalo miro hacia abajo y pienso que volveré a caerme, sin embargo, me doy cuenta que ha sido un resbalón y busco la salida que me lleve a la cima, donde el sol brilla con fuerza.
A lo mejor durante mi vida me caigo de nuevo, pero ya sabré que el sol sigue en su sitio esperando y sale cada día, aunque llegue un frente de nubarrones o una fina niebla.

Y lo tengo clarísimo sol, sol, sol ¡Que llega el verano y hay que ponerse morena!

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