Hombre airado en el supermercado.

Después de muchas horas como clienta y como promotora, me queda una cosa muy clara: hacer la compra os perturba. 

Sin ir más lejos, estaba yo ubicada en mi puesto a las 9.05 de la mañana, tan feliz, preparada para llenar vuestros carros de bombones y polvorones, cuando un hombre decidió que como quería meterse él mismo los bombones en la bolsa y no que lo hiciera yo, era una buena idea tirarme la bolsa a la cara y largarse con un profundo ataque de mala hostia. 

En mi fuero interno, yo hubiera amado hacerle una colonoscopia con la bolsa y susurrarle que le deseaba una muerte lenta, dolorosa y llena de escaras, porque discutir de buena mañana viene con dosis extra de odios, pero, ais amigos, no hay mayor maldad que poner tu mejor sonrisa de azafata de telecupón a aquel que busca discutir. Así pues, le agradecí que me devolviera la bolsa, le desee que tuviera un feliz día y sonreí tanto y tanto que casi me contratan para un remake de tiburón. 

Mis horas de observación también me han enseñado que los supermercados necesitan carriles de ida y vuelta en cada pasillo, he visto gente saltar cestas ajenas, empujar con el carro disimuladamente a alguien que camina lento, o empotrarse contra las estanterías, girarse a recriminar que alguien esté en medio o incluso pegarse unas buenas voces. Hacerse una rotonda en sentido contrario entraña menos peligro. 

Aunque peligro el que tiene el saltarse la vez. Habláis de conflictos políticos y religiosos, pero la tercera Guerra Mundial empezará en la cola de un súper, cuando alguien se olvide de pedir la vez, intente controlar su turno de cabeza y se salte sin querer a alguien que esperaba primero. La vez es como la luna llena para los hombres lobo, capaz de transformar a dóciles almas caritativas en fieras inhumanas.

Lo de las fechas de caducidad también es muy guay. Los productos caducan y aunque la ciencia trabaja para ello, a día de hoy las fechas de caducidad o consumo preferente no son infinitas. No hace falta que hagáis un agujero en la pared de la estantería, os juro que detrás no hay otro paquete que caduque más tarde. 

Además, a no ser que no sepáis leer, o que tengáis un problema en la vista, en cuyo caso ayudar no es un problema, la etiqueta dice lo mismo para ti que para mí. Si pone que puede contener trazas de huevo y eres alérgico al huevo...

Otra cosa que os encanta es hurtar, vosotros lo llamáis probar el producto por si está bueno ya lo compro, pero a no ser que una marca decida que os invita a probar su producto, las cosas para probarlas, SE PAGAN. 

Respecto a las degustaciones, hay unos básicos que hay que cumplir siempre:

  • No, no puedes repetir, ain´t your mama poniéndote la cena, que diría Jennifer López. 
  • La marca no es mía, no soluciono conflictos, no voy a comisión, no voy a heredar la empresa, si quieres comprar, compras y si no, carril. Yo vendo un producto y es al que doro la píldora, en los super no hay alfombra roja ni aunque desfiles en Chanel. 
  • Lo que toques, te lo comes. Eso, además, solo incluye el producto, Los promotores y promotoras somos como los ángeles, para el cliente no tenemos sexo. 
  • Además, y como algo que debería ser lógico, no se pone la cabeza encima de la bandeja, el resto de clientes agradecerán no comerse los pelillos o cualquier cosa que se desprenda de ti. 
  • Y ya en modo súplica, NO SE COME CON LA BOCA ABIERTA.
Otra cosilla por la que tenéis predilección es la de interrumpir. No se interrumpe una conversación para iniciar otra, no se pone mala cara si te dicen que te esperes. Si ya hay alguien hablando con un trabajador, te buscas uno libre, o te esperas, la otra opción es buscarte la vida. Tu duda de "un segundo" interrumpe a alguien que sí a esperado su turno. 

Además, hay una gran diferencia entre preguntar por un producto concreto que no eres capaz de encontrar, a pedir que te ubiquen cada uno de los productos de tu compra. Si necesitas que hagan la compra por ti, es un servicio que ya existe, puedes usarlo más y molestar menos. 

Por supuesto, hay compradores simpáticos, educados, con paciencia, alegres, cordialmente cariñosos, que alagan sin que salte la alarma del babosímetro y que van por el mundo felices, paseando sus cestitas y buscando cositas con las que llenarla, a todos ellos, solamente puedo decir: graaacias por veniiiiir.