Perdona pero quiero casarme contigo.



"Perdona pero quiero casarme contigo". Podía contaros alguna batalla romántica vivida en estos azúcares, pero no se va a dar el caso.... de momento.

Hoy va de literatura, o casi, porque lo mismo Federico Moccia, el que viene siendo el autor, no tiene la culpa de que lo utilice para escribir un post amoroso de esos que tanto me fustan a través de sus personajes.

Cuando te lees un libro siempre te identificas con alguno de los personajes, el problema viene cuando el libro lo componen varias parejas de distintas edades y situaciones y todas te recuerdan algo. Lo que significa dos cosas, o bien que has visto muchas películas o bien que has tenido demasiados amigüitos especiales. Yo no pienso posicionarme :)

De hecho, mis valoraciones de aquí en adelante serán basadas en experiencias de amigas imaginarias, las pelis de amor y la Súper Pop.

Empezando por la figura del cretino de libro, ese de manual, ese que te hace sentirte como una princesita, y que cuando va a la barra a pedir aprovecha para dar el número a la camarera. Esos que son así y no saben hacer otra cosa que joder, en todos los sentidos. Y que no cambian porque lo que a ellos le da la vida, es lo que a ti te mata. Esos con los que siempre es mejor ser la otra. Pues de esos en el libro, hay.

La figura del acomodado, ese que el primer año te llama y te escribe, ese que se acuerda de que hoy era un día importante en el curro, ese que se da cuenta de que has tenido un día malo sin abrir la boca y que cada día descubre algo que le fascina de ti. Ese que se muere por contar tus lunares.
Ese que después de unos años, nunca olvida un día importante, ni deja de sentirse fascinado, ese que conoce tus lunares pero no tiene tiempo de contarlos. Ese que poco a poco se olvida de recordártelo. Y deja que un día os sentéis en la mesa, callados, comiéndote una cena que se ha cocinado en un fuego que cada vez tiene menos llama. De esos también hay en el libro.

También estamos nosotras, esas que dejan a uno alejarse pero no lo dejan irse. Obligándoles a que estén cerca después de haber compartido tanto, manteniendo esperanzas que se pueden romper en un momento con una llamada. "Que ganas tenía de contarte que estoy con..."

Y esas que luchan por estar con alguien y superan lo increíble porque no pueden vivir sin aquel, al que una vez teniéndolo en la mano, desearían no tener. Esas que se ven dadas de la mano pensando en un "para siempre" y sienten un calor capaz de ahogarlas. Esas que de repente ven, en aquel otro al que nunca hubieran prestado atención, un torbellino de aire fresco capaz de levantarlas y liberarlas del aire espeso que las aplasta. Pues de esas, también.

Y hasta aquí puedo escribir pequeños, si os apetece un poco de literatura amorosa, con Moccia tenéis para rato.

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