Robando en Casa Posquilla


A estas horas y deambulando por la casa... diréis "pobre, todavía tiene susto", y si, la siesta de tres horas que me he echado puede que influya, pero el factor paranoia también tiene su peso :)

Y como no hay cosa que nos guste más que el cotilleo y el hacernos eco de los sucesos varios y ajenos, voy a colaborar con la narración de los hechos...

La jornada del 1 de julio fue tan calurosa como el resto, y nada en el ambiente hacia presagiar que sin embargo el día, iba a ser muy distinto.
Como un viernes cualquiera, después de una noche de fiesta y un largo día de trabajo, Posquilla regresaba a su hogar, deseando encontrarse con su ducha y su sofá.

Alcanzado su piso, y tras arrastrar por las escaleras el calor y su pesada bolsa, el descanso una vez más se hacia esperar.
Frente a su puerta descubrió que la cerradura había sido forzada. Las astillas de madera que rodeaban el bombín no eran la única prueba, y algo bloqueaba el acceso a la llave.

El primer impulso fue empujar e intentar entrar, pero tras unos segundos en la escalera el pensamiento fue distinto: "¿Habrán conseguido entrar? ¿seguirán dentro? ¿Y si han subido a esconderse a otra planta al escucharme llegar?"

Y con una sensación de prisa que recomendaba salir cuanto antes del edificio, bajó rápidamente.
Desde el portal llamó a su madre y se refugió en casa de los vecinos. Cinco minutos para comentar la primera impresión antes de ir a comisaria.

Una vez allí, y después de conversar con las nuevas adquisiciones del cuerpo de policía (...ois ois ois), el agente que recogió su declaración le hizo una recomendación que resultó ser certera: "Normalmente la cerradura suele estar en el suelo, pero cuidado, pueden haber entrado de todas maneras. Si entras y notas algo extraño, no toques nada y llámanos rápido"

Y tras esperar la llegada del cerrajero con su familia, los hechos siguieron su cauce.

El señor de las puertas, con su aspecto rudo e imponente, pasó una tarjeta por la ranura, giró la cabeza, y con gesto solemne pronunció las temidas palabras "Aquí han conseguido entrar".

Una vez dentro la sensación inicial fue que no habían tocado nada, pero unos pasos bastaron para descubrir que no solo habían entrado, sino que su búsqueda de objetos de valor había sido intensa.

Cajones vacíos, cortinas arrancadas, y todo cuanto Posquilla había guardado con cuidado y esmero, tirado por los suelos.

Siguiendo las instrucciones llamó a la policía, y dos agentes, pensando que el robo sucedía en ese mismo instante, se personaron en la casa rápidamente.

Aclarada la situación, un vistazo general procurando no tocar nada, desveló que las joyas habían sido presa fácil. Una lagrimita asomó en los ojos de una indefensa Posquilla que pensaba, siempre tan dada a lo sentimental, que no disfrutaría más de esas piezas únicas que representaban grandes momentos y personas tan queridas.

Entre muchas otras cosas que, siendo bastante prácticas, iba a echar de menos, como las cámaras de fotos y los documentos que incluían en su interior. Cómo vivir sin haber pasado al ordenador las imágenes que les mostraban disfrazados de Lady gaga....

La vuelta a la comisaría tampoco trajo buenas noticias, la policía científica tenía que tomar huellas y no era conveniente tocar nada dentro de la escena del robo.

Así comenzó una semana en la que varias casas, que también eran su hogar, le dieron cobijo. Pero tras días de espera en los que se aseguró desde comisaría, telefónicamente, que "aquí nunca se traspapela nada", cuando se preguntaba el por qué de la tardanza de la científica, los agentes se disculpaban finalmente, confirmando que al igual que en todos los oficios, nadie es infalible.

Y Posquilla volvió a su hogar, a poner lavadoras, recoger chismes y a ordenar y guardar como si acabara de mudarse.
Y también a cerrar puertas y ventanas, a levantarse cada vez que el silencio de la noche traía el crujido de una madera, o el susurro de un movimiento en la calle perturbaba su tranquilidad, acelerando sus latidos. Pero esa, es otra historia...


1 comentarios :

Mexiñol dijo...

Jo que mal rollo, ojalá que el susto pase pronto y que los rateros terminen en un agujero oscuro por muchos años