Cine inmersivo Spectacular. Los intocables de Eliot Ness

El día 19 disfruté de la primera sesión del cine inmersivo en Madrid, un espectáculo que prometía hacernos participar en la película y no ser meros espectadores.
La película elegida fue "Los intocables de Eliot Ness", así que los emails secretos que nos llegaron previamente, nos informaron sobre la ley seca, nos recomendaron como vestirnos y nos acabaron citando en el Museo del Ferrocarril.

Allí nos plantamos más de 400 personas, vestidas del Chicago de los años 30. preparados para disfrutar con unas normas muy básicas: no sacar nuestros teléfonos móviles, elegir si éramos de los polis o de la mafia, vestirnos acordes a la época y tener muchas ganas de disfrutar. 

Opinemos pues...

La entrada, en este caso y por ser la primera vez, costaba 71 euros. Por lo que veo en las citas del finde posterior (espectáculos 25 y 26), se subsanaron algunos errores, pero yo que fui en el primer turno del día 19, si hubo un momento en el que me arrepentí de comprar la entrada, os lo cuento. 

El espectáculo empieza de 10, tal vez 10 y medio, la ambientación y el lugar elegidos creo que era inmejorable y parecía que la organización iba a ser impecable. Al llegar había que esperar en inmigración de la estación para conseguir entrar, amenizado con los actores que ya nos iban metiendo en la época y nos iban dando algunas instrucciones básicas.

Nos separaron en pequeños grupos y empezó la aventura. Nos enteramos gracias a un discurso y a la prensa de que se estaba luchando a tope contra Capone y nos dieron una misión, la nuestra era conseguir meter nuestro buen paquete de contrabando en el almacén. Después llegó el casino, con sus mesas para jugar, su bar y su buena música en directo, ¡hasta una redada! 

Y después... la cena, y a partir de ese momento yo me hubiera ido a casa... 
Había una cola del carajo, la zona de sillas, la cola para cenar y la zona de salir con tu comida, estaban en el mismo pasillo, así que quedaba un momento tetris muy bonito. 
Yo me quedé con hambre y cuando pregunté si se podía comprar más comida, nadie supo responderme, ni había otro lugar en el que hacerlo. Leo que había máquina de palomitas, después de muchos paseos yo ni la vi ni las olí, así que ya tenía hambre, necesidad básica no cubierta es mal. 

Además había un pifostio con el dinero muy grande. Había cosas que solo se podían pagar con un tipo de billete, pero entonces te sobraban billetes de otro tipo y tenías que cambiar dinero real para conseguir los que te hacían falta. Conclusión, yo me gasté los 71 de la entrada, pagué con dinero real y me vine a casa con dinero falso inutilizable en mi bolso. 

Entre la intriga del qué pasará y el ni Dios me informa de nada, hay un equilibrio muy delicado, que supone que la sensación sea la leche o sea una puta mierda. Desde que cené hasta que empezó la peli, no sabía muy bien ni qué hacer ni dónde ir. Había al mismo tiempo gente que intentaba ir a la zona de las butacas para coger sitio, gente cenando, gente en el casino. No sabía si iba a empezar la peli o si se iba a dar otro pequeño espectáculo en algún lado, así que me fui a pedirme un cóctel y a escuchar música en directo. pero una vez más solo podía pagar con X tipo de dinero y no con el que tenía. Mira, que os den por culo, me dije, y me fui a aparcarme al exterior bajo un champiñón de calor. 

Entonces hubo una pelea (parte del espectáculo) fuera y después, otra vez, muchos nos quedamos sin saber dónde ir. Yo me volví a mi champiñón y después a una butaca pegada a un champiñón. 

Por otro lado, yo no tengo que enterarme de "movidas internas", los problemas de organización o las conversaciones sobre gente que participa en el espectáculo no se hacen delante de todos, o se hacen discretamente (guiño, guiño). De lo contrario, da una sensación bastante cutre. 

Antes de empezar la peli hubo espectáculo bajo la pantalla. Os diría de qué iba, pero desde donde estaba sentada no se veía un carajo del escenario, así que solo puedo deciros que iba de Eliot Ness. 

Después empezó la peli, con manta cortesía de la casa, detalle que se agradece. Aunque estábamos avisados de que haría frío, si llego a saberlo, me disfrazo de hombre de los años 30 y me planto unos pantalones y unos buenos zapatos. No, no voy a acusar a la organización del frío, eso no se remedia a no ser que seas Doraemon, pero igual celebrarlo en otro mes...

Además eché de menos, que si por ejemplo no se puede llevar el móvil, que haya un photocall asociado a la temática donde hacerte una foto de recuerdo, que hubiera más puestos en los que interactuar para llenar esos huecos muertos o incluso un puestecillo donde comprar algún complemento de disfraz de la época.

Concluyendo, fui con muchísimas ganas, pero si vuelve a repetirse, sabiendo que la experiencia no es la rehostia, solo iré si la peli en la que se basa me parece que es la mejor temática del mundo mundial. Y como estrategia, mejor la tercera o la segunda función que la primera. Los fallos en la próxima que los prueben con otra. 

Chicago_años_30_Rosqui_spectacular



1 comentarios :

Celina dijo...

Vaya, que desilusión nos hemos llevado, con lo que prometía la velada.....que cutrez